ESTAR (CONDENADO) A LA INTEMPERIE

En coautoría con Carlos Santos (Carlos Santos es estudiante de Antropología en UDELAR y trabajador)
 
Reseña de Intemperie, Alter Ediciones, 2025. Editores: Sebastián Aguiar, Gabriel Gatti, María Martínez, Natalia Montealegre Alegría y Marcelo Rossal. 

En el mes de diciembre se realizó la presentación en la Sala Maggiolo con la presencia de autoridades universitarias y destacados académicos. En marzo se realizó una segunda presentación, esta vez de manera conjunta con otro titulado Vidas descontadas del Equipo ViDes en la Casa de los Sueños con público diverso. Dos de los autores intervienen en ambas publicaciones.
Participamos de la primera presentación y recién en febrero, sin ponernos de acuerdo, encaramos la lectura. No es una experiencia intelectual o inocua, remueve nuestra experiencia de habitantes de la ciudad. El choque con la intemperie se hace patente en los testimonios y recrea las escenas que vemos a diario. La intemperie que vivimos como tránsito se resignifica al comprender que lo que para unos es un simple estado pasajero, muchas veces buscado y disfrutado, para otros se vuelve una condición condenatoria. La diversidad de las situaciones y la complejidad causal aparecen en la lectura con mayor fuerza que en las noticias diarias que hablan del mismo tema.
Un bulto detrás de la puerta de vidrio, parece una bolsa de escombros, a dos metros, sentado en el suelo, está Alejandro, el cuidacoches de la cuadra, a quien todos llaman Bimbo. Él llama así a las personas con las que interactúa, entre lagunas de alguna enfermedad mental y tardes de alcohol. Una pareja duerme en una minúscula carpa improvisada junto a un muro, un perro negro completa el trío y un carro de supermercado desborda de todo lo que tienen. Un muchacho joven y flaco recoge en la vereda lo que queda de cigarrillos a medio fumar, hace décadas se hablaba de los “juntapuchos”, aquí están, con otro nombre y en mucha mayor cantidad, “personas en situación de calle”. Continuidad de intemperies, el libro y lo que vemos están comunicados. 
Al cruzarnos con ellos compartimos un mismo espacio físico, la misma intemperie. ¿La misma? El libro trata justamente de eso, de la intemperie como lugar de habitar de tantos.
Intemperie” sugiere mundos diversos, quien sale de la comodidad de su hogar buscando la orilla del mar o para practicar senderismo, la busca felizmente. Pero desde el dibujo en la tapa nos enteramos que, claramente, no se trata de esa intemperie. Es la intemperie de los que perdieron el resguardo del amparo social y transitan por el mundo expuestos a ella. Como mucho, son los que habitan refugios temporales que hacen poco más que dejar en evidencia la vulnerabilidad y el desapego que la sociedad siente por estos sujetos a los que quisiera no ver porque interpela sus sentimientos y no sabe qué hacer con ellos.
Se trata de una obra colectiva, los cinco editores son académicos del área social, antropólogos y sociólogos. Quienes escriben, son unos cuantos más. La intención de escapar del formato académico es explícita, la complejidad de la temática (o las temáticas) y el sentimiento de impotencia que se respira, empujaron a los autores a un formato polifónico, reflexivo e inquietante que pone de manifiesto que la realidad tiene múltiples caras y cualquier mirada parcial resulta insuficiente para aprehenderla.
Como toda obra multiautoral reúne estilos diversos, algunos más fluidos que otros. La fuga del estilo académico acerca el lenguaje a lo literario, lo denotativo deja espacio para lo connotativo. La precisión y la interpretación unívoca son sustituidas por una subjetividad muy presente y por un lenguaje que ronda, por momentos, lo poético. La inquietación que dicen sentir los autores se contagia al lector que se deja capturar por sus textos. 
Las herramientas clásicas de la sociología, la antropología y la psicología, ya no sirven -en la óptica de los autores- para dar respuestas o plantear preguntas nuevas sobre la población que vive en la calle:
"No hablamos de un problema moral, sino de uno metodológico, que nos invita a preguntarnos sobre cómo hacer para trabajar cuando tenemos delante situaciones ajenas a nuestra capacidad perceptiva, lenguajes que no entendemos. ¿Qué percibimos cuando sabemos de algo que está pero que no sabemos cómo nombrar, ordenar, definir? ¿cómo lo contamos? ¿Resolvemos el problema, percibiendo? ¿Invocamos otros sentidos?" (p. 90)
Humildad y reflexividad que interpelan. 
El texto cuestiona el término "situación de calle” y propone  "condición de calle”.
El primero nombra un estado pasajero, casual, casi accidental y del cual se puede salir, queda espacio para la esperanza. Pensar en "condición de calle” parece adecuarse más a la realidad de permanencia en esas intemperies. La alternancia con la prisión que afecta a más de la mitad, no hace más que intensificar el desamparo: encierro e intemperie alternados, ambos forzados y con pocos matices. 
El miedo y la violencia están presentes en toda la trama, la que sufren y la que ejercen los “de calle”, la sociedad, el Estado y sus trabajadores sociales.
"El miedo deshumaniza un poco todo. El del usuario (se refiere a las personas que concurren a los refugios) que se vuelve peligroso, el de los otros usuarios que se vuelven punitivistas y poco solidarios, el del educador al usuario y al coordinador que le exige trabajar con un tipo al que le teme." (p. 122)
"Ninguna institución establece la cantidad de violencia que tenés que bancar o ejercer; ¿cuántos insultos tenés que asumir, cuántas amenazas desoír?” (p.123)
Si los especialistas sienten miedo ¿cómo no va a estar el miedo en la calle? ¿cómo romper esa barrera entre ellos y nosotros?
Un protagonista recurrente en el libro es la organización Nitep, un “techo organizativo” que intenta atemperar la intemperie y proveer de agencia a quienes la sociedad solo percibe como víctimas o como sujetos temibles. Proyectos de casas comunitarias y de baños públicos gestionados por ellos mismos iluminan el camino de salida aunque no carente de conflictos y dificultades.
Intemperie tiene poco menos de 400 páginas y no solo se ocupa de la gente en situación de calle en nuestro país. Hay reflexiones sobre la adopción de niños desde el punto de vista de las madres gestantes; menciones a los migrantes que van hacia Estados Unidos o hacia Europa; sobre la cárcel y sus violencias degradantes; sobre el acceso a la salud y las enormes trabas burocráticas que sufren los usuarios comunes, mucho más las personas “de calle” con sus dificultades de desplazamiento y de relacionamiento con la documentación y los mostradores estatales. Hay incluso reflexiones sobre la escritura y la capacidad de enunciación de quienes tienen poco acceso a la palabra escrita. Un capítulo refiere a distintas situaciones de desaparición, personas con identidad perdida, vivos o muertos, síndrome de gente descartable. Son aquellos que ni siquiera sirven para ser explotados o consumidores, su participación en el mercado es marginal.
Lo que vemos en las calles despierta sentimientos diversos: odio, lástima, asco, rechazo, impotencia. El Estado actúa con sus dos manos, reprimiendo e intentando dar cobijo u ofreciendo salidas. Son las “inquietaciones” de las que hablan los autores. 
Uno no suele prestar mucha atención al diseño de un libro, salvo que resulte incómodo para leer (márgenes estrechos, tipografía incómoda, pegado que se rompe al abrir, erratas múltiples). O, como en este caso, cuando el diseño rompe el esquema básico de letras negras sobre fondo blanco. Hojas completamente rojas y negras para separar capítulos, textos insertados en diferentes niveles con distintos tonos de gris o en tinta roja, subrayados, recuadros como hechos a mano, flechas, fotos, esquemas. Todo en un diseño armónico y agradable de leer sin erratas. Mérito de los diseñadores que encuadran con lucimiento el trabajo de los autores. 
La carátula es despojada como la intemperie a la que alude, un cartón corrugado roto enmarca el título y un dibujo lineal apoyado sobre el suelo, suficiente. 
Es un libro necesario para aquellos preocupados por las consecuencias sociales de un sistema que día a día muestra sus fisuras: académicos, trabajadores o militantes sociales o lectores comunes. Se puede leer de manera fragmentaria, en desorden, dejando que sus distintos enfoques nos interpelen; sea como sea, es un libro al que uno vuelve y cuya lectura no pasa de largo. 
La presentación de los autores y editores escapa al modelo académico formal de títulos y cargos y refiere más a lo que sienten respecto de su trabajo. Algunos de ellos tienen otras publicaciones en su haber, algunas de ellas han sido reseñadas en La Diaria: https://ladiaria.com.uy/politica/articulo/2022/9/las-desapariciones-estan-entre-nosotros/; https://ladiaria.com.uy/articulo/2009/12/violencia-cotidiana/; https://ladiaria.com.uy/opinion/articulo/2023/12/precariedades-dos-antropologos-en-tres-ombues/ 
También han participado como columnistas: https://ladiaria.com.uy/columnista/sebastian-aguiar/




Comentarios

Entradas populares de este blog

BREVERÍAS de Gerardo Mendive

Es bravo...

La paradoja del crecimiento