LA NAVE DE LOS NO TAN LOCOS

(Artículo escrito en setiembre de 2022)

En el artículo La nave de los locos, publicado el 15 de setiembre pasado1, los autores arremeten contra el maltrato y la incomprensión de la sociedad ante los llamados “locos”. El hecho que toman como paradigmático es el video viralizado de un joven que se descompensa y es bajado de un ómnibus interdepartamental por el conductor y una agente policial. Este joven, varias horas después (y no “minutos después” como dicen en el artículo) y veinte quilómetros más adelante, es atropellado por un vehículo conducido por una mujer.2

El hecho de que la locura es constitutiva de nuestra condición humana y que lo que hace la diferencia son los grados de adaptación a ciertas normas de convivencia no es ninguna novedad. En ese sentido, los articulistas también arremeten contra la psiquiatría cuando, en este caso, lo que faltó, en todo caso, fue más psiquiatría: una correcta orientación profesional para comprender la situación y saber cómo actuar para contener y aliviar el sufrimiento del “loco”, pero también para defender los derechos de los demás pasajeros. Sería bueno aclarar que la “psiquiatría” no es una cosa uniforme y no todos los profesionales de la salud entienden y encaran la salud mental de la misma manera y resulta ridículo afirmar que hoy estamos igual que hace 150 años en este tema.

Salta a la vista que hubiera sido mucho más razonable llamar a un móvil de salud para que recibiera al joven al bajar del ómnibus y le brindara la atención adecuada. Tampoco es muy seguro que él aceptara dócilmente esta solución. Cualquiera que haya tenido, en algún momento de su vida, trato con personas en crisis de salud mental, sabe que es muy fácil hablar desde fuera, pero muy difícil actuar en el momento. Culpabilizar a todo un colectivo de pasajeros de indiferencia me parece muy injusto, la gente se asusta, necesita llegar a sus trabajos o a su casa donde la esperan sus hijos; la impotencia y la incertidumbre gobiernan. Es importante, para opinar, colocarse en el lugar del otro: del “loco” y de los no tan locos.

Agreguemos otro ejemplo: hoy hubo paro general, de lo contrario hubiera habido paro en las escuelas, porque una madre descontrolada y “bajo los efectos de la droga” agredió a docentes en una escuela en Montevideo3. Un paro de 24 horas en la enseñanza primaria no es una medida banal. Se supone que se realiza para reclamar mejoras en las condiciones de trabajo o en el sistema mismo ante autoridades que no responden. Realizar un paro en respuesta a una agresión realizada, no por un poder del Estado ni por una organización terrorista, sino por una persona aislada que, por alguna razón, se siente agredida o excluida por el sistema educativo, parece otorgarle demasiado poder al agresor y el precio que se paga es muy alto. ¿Por qué en este caso no nos colocamos en el lugar de esta señora, víctima también de una alteración de su salud mental y aceptamos mansamente que miles de niños se perjudiquen sin un día de clase por su exabrupto?

El equilibrio en nuestras conductas no es un logro sencillo, todos tenemos nuestros momentos y nuestras salidas de tono. Algunas personas, por razones biológicas, neurológicas, sociales o psicológicas, no logran, en algunos momentos de su vida o casi nunca, ese equilibrio; y se convierten en un desafío y, en ocasiones en un peligro, para su familia y su entorno. La salud mental nos interpela a todos, pero, lo que no podemos hacer es minimizar el problema y reducirlo a un asunto de convivencia condenando a quienes no saben cómo enfrentarse a estas situaciones.

1 https://ladiaria.com.uy/opinion/articulo/2022/9/la-nave-de-los-locos/

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