Homo somos

 Hace más de un millón de años, algunos grupos de animales bípedos bastante inteligentes que hoy llamamos Homo erectus salieron de África y, generación a generación, fueron ocupando espacios en lo que hoy es Eurasia y más allá: las que hoy son islas del Pacífico y Australia. Dominaban el fuego y fabricaban herramientas de piedra y, muy probablemente, de otros materiales de los que no quedan rastros como madera o bambú. Algunos sufrieron transformaciones genéticas adaptativasque dieron lugar a nuevas especies o subespecies: neandertales al oeste y denisovanos al este. De los primeros sabemos bastante más que de los segundos.

Ambas especies se extinguieron, pero no del todo. Antes, se mezclaron con losnuevos Homo sapiens que salieron en nuevas camadas desde África, ocupando paulatinamente todo el territorio de Eurasia. Las poblaciones europeas actuales tienen una proporción de genes neandertales (quizás de allí vienen los ojos claros y los cabellos rubios). Los habitantes de Australia y sus alrededores tienen su cuota de genes denisovanos. Menos suerte tuvieron los pequeños Homo floresiensis qué, aislados en una isla del Índico, redujeron su tamaño al igual que otras especies animales del lugar y se extinguieron misteriosamente. Para bien o para mal, la población humana actual y, desde hace varias decenas de miles de años, pertenece toda a la misma especie y sus variaciones se reducen a rasgos fenotípicos más o menos visibles que no impiden la reproducción y la mezcla de unos con otros. Si alguna población hubiera quedado aislada en un territorio por cientos de miles de años, podríamos tener especies humanas diferentes. Eso no ocurrió ni ocurrrirá, a la vista de la interconexión del mundo actual. Salvo, en el caso hipotético de que un grupo de humanos colonice un planeta lejano y pierda la conexión con su origen.

Pasan cientos de miles de años y, en caso de un encuentro con terrestres, ya son otros, no es posible el intercambio genético. Una y otra especie deberán decidir y pensar las condiciones del encuentro y el intercambio en función de la consideración del otro: ¿es igual, superior o inferior? ¿Lo debo someter o aceptar someterme? ¿Es posible una convivencia en igualdad?

Si para algo sirve estudiar arqueología, paleontología o geología es para dimensionar la pequeñez de nuestras vidas e historias en relación con los tiempos cósmicos.

A los europeos les costó aceptar que aquellos que encontró más allá del Atlántico o del Sahara eran iguales a los que debía tratar como tales. Sigue costando todavía aceptar al diferente. Por suerte la sopa genética se entrevera cada vez más. Por mucho que se esfuercen los enemigos del mestizaje, la mezcla ocurre. Los arios puros nunca existieron, los judíos de hoy no son los descendientes directos de los habitantes de la Palestina de hace dos mil años (difícil que alguno de aquellos fuera pelirrojo y pecoso) y los habitantes de África, aunque los europeos los identificará en bloque como “negros”, muestran una enorme diversidad, lo mismo que los americanos, ya muy mestizados y diversos. La moderna organización del mundo en naciones - estado pretendió establecer “comunidades imaginadas”: cultura, lengua, rasgos étnicos comunes. 

Anderson en Comunidades imaginadas: p. 209: “Nairn se equivoca en lo fundamental cuando sostiene que el racismo y el antisemitismo provienen del nacionalismo.”  “No es sorprendente que, en general, el racismo y el antisemitismo no se manifiesten a través de las fronteras nacionales sino dentro de ellas.En otras palabras, no justifican tanto las guerras extranjeras como la represión y la dominación internas.”

Es una afirmación discutible porque es bastante claro que las naciones “blancas” aplastaron a los pueblos no blancos afirmados en un sentimiento de superioridad natural, biológica. Pero, también es cierto que los nacionalismos, particularmente en los países de origen colonial, constituyen marcos ideológicos, o más bien sentimentales, de identidad y pertenencia que ignoran (¡¡¡) las diferencias raciales.

Morir por la patria es un destino glorioso, aunque las elites más blancas prefieran destinar ese destino (valga la redundancia) a las mayorías de piel más oscura.

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