1° de mayo. Los grupos de whatsapp se llenan de “feliz día” y mensajitos sentimentales sobre los que construyen el mundo con sus manos, con su cabeza, etc. etc. Una versión de la Internacional medio murguera que no me gustó mucho, le falta coralidad. Otro video con escenas de seis películas en las que se canta la Internacional: una orquesta con coro bien clásico, unos milicianos en la guerra civil española, prisioneros civiles rusos en la segunda guerra, prisioneros españoles, otra vez los rusos festejando el triunfo de octubre. Jóvenes hombres y mujeres, algunos mayores, otros casi adolescentes, corpulentos, flaquitos; a medida que la canción avanza el entusiasmo los va ganando y nada puede con ellos, ni los culatazos de los guardias, ni el dolor de los compañeros muertos en el caso de los españoles…

Si estoy solo soy capaz de lagrimear y esta vez me pasó. Pensé en todos los fracasos: Cuba, Nicaragua, Unión Soviética y anexos, China, países africanos descolonizados, etc. La historia es cruel y no parece obedecer a las voluntades. ¿Es una construcción o es un torrente que nos arrastra? No todo es catastrófico, muchos vivimos bien; muchos otros no tanto o muy mal, bombardeados, hambrientos. Otros gobiernan sin que nadie los haya elegido. Su capacidad de mover fichas es tan grande que están por encima de gobiernos, naciones y organismos internacionales. El sistema productivo y de consumo pone en riesgo nuestra propia supervivencia como civilización, pero no parece que se pueda hacer mucho. La economía tiene sus reglas y no hay quien pueda. Tantas veces se cantó la Internacional, tanta gente se lanzó a las calles y sufrió palazos, balazos, cárcel y tortura; tantos se levantaron en armas siguiendo a sus líderes con toda la ilusión de dar vuelta la tortilla y… del otro lado de la tortilla había la misma masa y, muchas veces, mucho peor. ¿Nos queda la Internacional para cantar con nostalgia? Vivimos en esta especie de pequeña isla, sin guerras, terremotos ni volcanes, somos poco más de tres millones y tenemos más presos que cualquier otro, gente durmiendo en cada esquina y niños pobres a granel. Pero nada se puede, todo se queda en buenas intenciones. Ser pocos es una desventaja, dicen los economistas.

Si fuéramos muchos, ¿qué? Sigamos tirando la basura en un pozo, a los sin techo en refugios, a los niños en escuelas donde aprenden poco, a los delincuentes en depósitos con rejas, mientras cada vez hay más autos, más iphones y cámaras de video vigilancia.

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