Secretos del corazón
Lo primero es la negación. Uno se da cuenta de que ese dolor, que no es muy intenso aunque distinto a cualquier otro, está indicando que algo extraño está pasando dentro de uno. Sin embargo, la desconfianza en la propia percepción actúa como una barrera. No es para tanto, para qué voy a llamar la atención pidiendo al guardavidas de la piscina que llame a emergencia. Después de un par de semanas sin ir a nadar, nadé sin problema unas treinta piscinas y unas brazadas de espalda me dieron la primera señal. Un compañero que me vio en el borde por segunda vez me dijo “demasiado descanso”. Recurrí al estilo pecho, más liviano y lento para cruzar a la otra punta. Salí del agua, bajé la escalera y en el vestuario mi cuerpo me daba señales desconocidas, no era mareo ni dolor intenso, una especie de cansancio y desasosiego. Cargué la mochila dudando si caminar hasta casa o pedir a los administrativos que llamaran a una emergencia. En el fondo sabía, pero me negaba a admitir que justo a mí me est...